1 de marzo 2015. Transfiguración

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LA TRANSFIGURACIÓN

La tradición quiere que en el Monte Tabor tuviese lugar esta maravillosa «teofanía», es decir: manifestación de Dios. De ese Dios Amor que siendo uno tiene tres personas.

Para poder entenderlo bien hemos de caer en cuenta que está colocada esta experiencia del Tabor entre dos anuncios de la Pasión, Jesús comunica a sus discípulos que tiene que morir crucificado, comunica su pasión y esto escandaliza, no se quiere… nadie quiere sufrir.

Todo va a ocurrir en una Montaña; para la Biblia era un lugar ideal del encuentro con Dios. Pretende todo el acontecimiento mostrar el significado profundo y escondido de la persona de Jesús y su camino. El monte Tabor es aquí como un reflejo del Monte Sinaí y nos ayuda a comprender esto los signos que se dan: Nube, la voz celestial, la presencia de Moisés y Elías, se nos está diciendo que Jesús es el nuevo Moisés que viene a dar cumplimiento a la Ley (Moisés) y los Profetas, no otra cosa significa la presencia de Elías.

De igual manera la transfiguración de su rostro, las vestiduras blancas evocan al Hijo del Hombre del profeta Daniel, glorioso y vencedor, y parecen ser un anticipo de la resurrección: intentan revelarnos el significado escondido de la vida de Jesús, su destino personal. Jesús camina hacia Jerusalén para ir a la cruz pero es el Señor y es en este Jesús que marcha hacia la cruz es donde encontramos la realización de nuestra salvación.

La transfiguración se convierte en la revelación no sólo de lo que será Jesús después de la cruz, sino lo que él es a lo largo del viaje hacia Jerusalén. Los discípulos reciben otra lección: saben ya que Jesús es el Mesías pero no llegan a comprender que la cruz esconde la gloria. Tienen necesidad de una experiencia, y Dios les concede a los discípulos, por un instante, contemplar la gloria del Hijo, anticipar la pascua, quizás para poder soportar el escándalo de su muerte. Dios nos dice que debemos «escuchar» a su Hijo, en Él nos ha dicho todo lo que tenía que decirnos. Dios nos invita a escucharle a través de la oración y es ahí donde nosotros podemos tener nuestra propia experiencia de Tabor.

En este Año Teresiano no olvidemos lo que nos dice la Santa: Dios habla al corazón cuando es el corazón quien le habla.


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