1 de noviembre 2015

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TODOS LOS SANTOS

En este día de Todos los Santos, el Señor nos dirige su mensaje de esperanza. Podemos decir que esta es la fiesta de la victoria, porque nosotros celebramos la victoria de la vida sobre la muerte, tal como lo hacemos el día de Pascua. Estas dos fiestas están muy unidas porque el día de Pascua vemos cómo los amigos de Jesús van al sepulcro y es curioso constatar cómo en nuestra cultura este día de todos los Santos se tiene la costumbre de visitar a nuestros seres queridos en el cementerio. Son los Santos y con muy buen criterio pensamos en nuestros difuntos y hoy como en aquella otra ocasión escuchamos la voz del evangelio que nos dice: «No busquéis entre los muertos al que vive», porque los nuestros, nuestros seres queridos, que han sido bautizados en Cristo, en Él han resucitado, han recibido ya su premio eterno.

Esta gran noticia la encontramos hoy en las lecturas de esta fiesta, en el libro del Apocalipsis (1ª). San Juan se dirige a los cristianos que conocen el sufrimiento, están empujados a la persecución y muchos incluso ya habían muerto, podríamos pensar que era todo un fracaso, porque ¿dónde quedaba ese día glorioso del Señor? Para responder a esta pregunta, San Juan escribe el Apocalipsis. Sí, Jesús ha resucitado. Está en el centro en lo profundo de nuestro corazón, de nuestras vidas y de nuestras pruebas. Todos esos muertos que nosotros podríamos haber pensado que habían desaparecido están con Jesús gozando de una eterna felicidad en su Reino. Él está vivo y los nuestros han encontrado en Él la recompensa a su amor y su fidelidad. Acojamos nosotros hoy este mensaje de esperanza en un mundo que nos ofrece muy poca, que esta palabra nos ayude a reanimar nuestra fe.

En el Evangelio encontramos no sólo una llamada a la alegría, sino una de las páginas más bellas que jamás se han escrito. Las llamadas «bienaventuranzas». Jesús las anuncia desde un monte porque está haciendo referencia al Sinaí, en donde se habían dado los Mandamientos, las tablas de la Ley…. ahora había alguien más importante que Moisés porque Dios mismo hecho hombre nos da en ellas el corazón de su evangelio: los pobres, los que sufren, los que luchan por la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz… estos son los hijos de Dios y estos son los que heredarán la vida eterna. En las bienaventuranzas tenemos nuestra brújula para no torcer nuestro camino. Ellas nos llevan al cielo. Fue el camino que siguieron nuestros santos, los que celebramos hoy. Y un día nosotros estaremos con ellos si recordamos siempre que sólo hay un mandamiento: el Amor, y que donde no hay amor si yo pongo amor saco siempre amor.


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