1 octubre 2017

Enregistrer au format PDF |

 

«Los sentimientos de Cristo Jesús»

 

 

Siguiendo la estela de los profetas, en el Evangelio de hoy Jesús anuncia un mensaje bastante claro: no cuentan las palabras, sino las obras, los hechos de conversión y de fe. Jesús se dirige a los expertos en religión de su pueblo. En un primer momento, ellos dicen «sí» a la voluntad de Dios. Pero su religiosidad acaba siendo una rutina, y Dios ya no los inquieta. Por eso, perciben el mensaje de Juan el Bautista y de Jesús como una molestia. Así, el Señor concluye su parábola con palabras drásticas: «Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

 

Traducida al lenguaje de nuestro tiempo, la afirmación podría sonar más o menos así: los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios; los que sufren a causa de sus pecados y tienen deseo de un corazón puro, están más cerca del Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ven ya solamente en la Iglesia el sistema, sin que su corazón quede tocado por esto: por la fe.

 

De este modo, la palabra nos debe hacer reflexionar mucho, es más, nos debe impactar a todos. Sin embargo, esto no significa en modo alguno que se deba considerar a todos los que viven en la Iglesia y trabajan en ella como alejados de Jesús y del Reino de Dios. En absoluto. No, más bien, hay que decir una palabra de profundo agradecimiento a tantos colaboradores, empleados y voluntarios, sin los cuales sería impensable la vida en las parroquias y en toda la Iglesia. Lo que sí nos advierte Jesús es que en medio de toda labor caritativa se necesita siempre un corazón abierto, que se deje conmover por el amor de Cristo, y así preste al prójimo que nos necesita algo más que un servicio técnico: amor, con el que se muestra al otro el Dios que ama.

 

Cada uno hemos de preguntarnos cómo es nuestra relación personal con Dios en la oración, en la participación en la eucaristía, en la profundización de la fe. En último término, la renovación de la Iglesia solamente puede llevarse a cabo mediante «nuestra» disponibilidad a la conversión y a una fe renovada.

 

En el Evangelio de este domingo se habla de dos hijos, pero tras ellos hay misteriosamente un tercero. El primer hijo dice no, pero después hace lo que se le ordena. El segundo dice sí, pero no cumple la voluntad del padre. El tercero dice «sí» y hace lo que se le ordena. Este tercer hijo es el Hijo que narra la parábola: Jesús. Con su «sí» ha hecho nuevas todas las cosas. Nosotros, «cristianos», que llevamos su nombre, portemos también en nuestra vida las obras del amor, como nos recuerda san Pablo: teniendo entre nosotros «los sentimientos propios de Cristo Jesús».

Documentos adjuntos

Agenda
« mayo de 2018 »
L M M J V S D
30 1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31 1 2 3