11 febrero 2018

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«QUIERO: QUEDA LIMPIO»

 

 

 

El día 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra en toda la Iglesia la Jornada Mundial del Enfermo. Quien más, quien menos, todos hemos hecho, alguna vez, la experiencia de la enfermedad, y de sus con secuencias: el dolor, la angustia y, en definitiva, la presencia de la muerte. Es una vivencia humana universal.

 

Y como todas las vivencias humanas, también ésta entra en el ámbito de la acción de Dios por Jesucristo; más aún, el Señor se mostró particularmente cercano a esta zona «oscura» de la vida humana.

 

Los Evangelios nos muestran una acción de Jesús, continua, en favor de personas enfermas: febricitantes, paralíticos, leprosos, ciegos, sordomudos, endemoniados… y, además, una acción que tiende siempre a la sanación integral del enfermo; el Señor no se limita a restablecer la salud física, corporal, de los enfermos que se presentan ante Él, sino que, más allá de esa salud corporal, produce en ellos un efecto de sanación espiritual, relacional, globalmente humana.

 

Aquella acción sanadora que llevó a cabo Jesús en la Palestina del siglo I, se prolonga hasta nuestros días: seguimos pidiendo al Señor, con el corazón lleno de fe y esperanza, que conceda la salud a los enfermos; y la Iglesia ha instituido un sacramento especialmente dedicado a ellos: la unción de los enfermos.

 

Así está siempre Jesús en medio de los suyos: como una mano tendida que nos levanta, como un amigo cercano que nos infunde vida. Jesús solo sabe servir, no ser servido. Por eso la mujer curada por él se pone a «servir» a todos. Lo ha aprendido de Jesús. Sus seguidores han de vivir acogiéndose y cuidándose unos a otros.

 

Pero sobre todo, seguimos pidiéndole al Señor el gran milagro de la curación «humana», de la curación de nuestras relaciones personales degradadas, de la relación con nosotros mismos, tantas veces desorientada, y de nuestra relación con Dios, frecuentemente ofuscada por nuestra autosuficiencia.

 

Y ese «milagro» maravilloso se realiza, casi siempre, a través de mediaciones. El Señor actúa su obra sanadora a través de la obra sanadora de las manos de los hombres. Nos pide que seamos prolongación eficaz de su acción, que seamos agentes de curación integral para nuestros hermanos, sobre todos para los más necesitados, los más frágiles, los más «enfermos».

 

A las puertas de la Cuaresma, que comenzaremos con la imposición de la ceniza el próximo miércoles, 14 de febrero, recordamos que la atención a los enfermos es una «obra de misericordia». En efecto, la misericordia de Dios asume el rostro de nuestra misericordia.

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