13 noviembre 2016

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ESCATOLOGÍA

El domingo 20 de noviembre con la Fiesta de Cristo Rey terminaremos el tiempo ordinario y dará comienzo otro año litúrgico con el primer domingo de Adviento; por esa razón las lecturas de los últimos domingos corresponden al final de los tiempos. Son lecturas escatológicas en que se nos quiere dejar claro un mensaje: el mundo tal y como lo conocemos no existió siempre y tendrá un final pero no nos corresponde a nosotros saber la fecha de ese final sino prepararnos a él. Jesús en el evangelio de hoy vive en un ambiente de gran tensión porque el mensaje de salvación que aportaba a su pueblo era rechazado por una mayoría, sobre todo de aquellos que representaban algo desde la autoridad. Estaban muy seguros con un templo en el que ellos veían presencia y protección única de “ su Dios “ a su pueblo escogido. Pero Jesús anuncia la destrucción del templo porque Israel, como pueblo, ha rechazado al enviado de Dios. Sin embargo responde a la gente que le está escuchando y que le pregunta cuándo sucederá y cuáles serán los signos que permitan adivinar que la destrucción ya es inminente. La respuesta va mucho más allá que la pregunta: habla no sólo de la destrucción del templo, sino de la segunda venida del Hijo del Hombre, pero sin confundir ni poner en relación directa lo primero con lo segundo, insistiendo en que los discípulos no se dejen engañar por quienes se presentan como mesías atribuyéndose la autoridad de Jesús y diciendo que han llegado ya los últimos tiempos. El evangelista tiene claro que el final no vendrá enseguida….ninguno de nosotros sabe cuándo será el final del mundo aunque sabemos, los mismos ateos lo saben, que el mundo tendrá un final, incluso ese templo que con tanto orgullo uno de sus discípulos le hace caer en cuenta a Jesús de tal belleza: Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios! A lo que Jesús responde: “Esto que contempláis, llegara un día en el que no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido”. Para quienes escuchaban esto era terrible y escandaloso, pero el Señor al dar la señal del final describe situaciones que se dieron en casi todos los siglos: guerras, catástrofes, odios….todo esto se iba a vivir, los Apóstoles y sus seguidores debían saberlo…no era en los hombres en quien se debía poner la confianza, ni en los recursos de este mundo sino sólo en Dios, que gobierna todos los tiempos y edades. Se nos invita a poner nuestra confianza sólo en Dios y se nos advierte de nuestras persecuciones por causa de nuestra fe. Y es entonces cuando El Señor nos tranquiliza diciendo que no nos preocupemos de lo que hemos de decir porque la fuerza del Espíritu Santo hablará en nosotros. Todo esto está dicho no para asustarnos sino para que, como creyentes, vivamos en paz y en la seguridad que nos da El Señor. Pase lo que pase, Dios no nos olvida, estemos seguros de la frase con la que termina Jesús : "Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá".


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