17 diciembre 2017

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SU NOMBRE ERA JUAN

 

 

 

El nombre de las personas suele ser muy importante en la Biblia. Impuesto por Dios, incluye una misión, un programa de vida. Y eso es lo que sucede en el caso del hijo de Zacarías: «Tú le pondrás por nombre Juan», como dice el Evangelio según san Lucas. Y Juan significa «Dios concede su gracia».

 

Su padre lo ha comprendido perfectamente. En su cantico de acción de gracias, tras el nacimiento de su hijo, proclama: «Tú irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación… para iluminar a los que viven en tinieblas… para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

 

¡Esta es la mejor explicación del nombre de Juan! Él es el hombre enviado por Dios para anunciar al mundo que Dios concede su gracia, que ha venido el tiempo de la misericordia, que el Salvador ha llegado.

 

Juan se toma en serio su misión, de verdad. Él será fiel hasta el final, hasta dar la vida por ella.

 

Pero es también claro; no quiere que se le tome por quien no es: «¡Yo no soy el Mesías! Yo no soy el profeta Elías, cuyo retorno se esperaba… Yo no soy tampoco el gran Profeta anunciado por Moisés… Yo soy la voz que clama en el desierto».

 

¡Una voz! Eso es lo que él es, eso es lo que quiere ser. Una voz que anuncia el mensaje de otro. Él dirá las palabras que el Espíritu le ponga en los labios, para invitar a los hombres a acoger a Aquel que viene a salvarlos.

 

Pero es una voz que clama en el desierto. El mensaje de Juan no fue recibido ni por los sacerdotes ni por los levitas. Parece que la voz de Juan se pierde en el desierto. Esa voz que proclama: «En medio de vosotros hay uno que no conocéis».

 

Nuestra época se parece mucho a la de Juan Bautista. En medio de nosotros, Jesús sigue siendo el gran desconocido; Él está presente, y su presencia se esconde en los pobres, en los afligidos, en los pequeños; también en la Eucaristía. Pero sigue siendo un desconocido para mucho de nuestros contemporáneos.

 

Pidamos al Señor que haga de nosotros anunciadores suyos para nuestros hermanos, como Juan Bautista. Y que nuestra vida sea una muestra del amor de Dios para todos los que encontremos.

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