8 abril 2018

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LA RESURRECCIÓN, UN NUEVO ESTILO DE VIDA

 

 

 

La vida en comunidad que hoy nos describe el libro de los Hechos de los Apóstoles es un ideal al que aspiraba, no sin dificultades, la primitiva comunidad cristiana: «Todo lo tenían en común… nadie pasaba necesidad…». Las claves de la vida comunitaria cristiana son: la enseñanza —catequesis— de los apóstoles, la vida en común, la comunión de bienes, la fracción del pan —eucaristía— y la oración. Todos necesitamos estos puntos de apoyo, sin los cuales nuestro seguimiento de Jesús se debilita. Contrasta esta situación con la realidad actual que vivimos los cristianos del siglo XXI en ciertos países de la vieja Europa. Muchos abandonan la nave de la Iglesia porque para ellos es un antitestimonio de lo que Jesús predicó. ¿Qué hacer? Del texto se deducen estas actitudes básicas: vive tu fe, sé testigo de la resurrección de Cristo, manifiesta la alegría de sentirte habitado y transformado por Él y entonces serás signo y luz en medio de las tinieblas. No nos admirarán por nuestros cumplimientos ni por nuestros ritos, sino por lo que nos queremos.

 

 

Los regalos que nos hace Jesús resucitado son la paz y el perdón. Este II Domingo de Pascua, nos invita a pasar por la experiencia del Resucitado, dejando que su Espíritu transforme nuestras vidas. Las dos apariciones que narra el evangelio de hoy ocurren el primer día de la semana. Por algo las comunidades cristianas se reúnen el domingo, que es el «día del Señor». Es en la comunidad donde podemos encontrar a Jesús resucitado. Su regalo es el perdón y la paz. Por eso hoy celebramos el «Domingo de la Divina Misericordia». Emociona ver la forma en que los demás apóstoles acogen a Tomás: con dulzura, cariño y paciencia… Cada uno tiene su tiempo y su momento… Tomás es una figura simpática y actual. Como él, muchos dudan, también los santos han dudado, buscan y no encuentran… La Iglesia debe acoger a todos, sobre todo a tantos «tomases» que sinceramente buscan la verdad. Jesús nos regala la paz interior, el mayor de los dones que el hombre puede tener.

 

 

«Dichosos los que crean sin haber visto» dice Jesús a Tomás. La fe es un don que nace de la confianza en «Alguien» que no puede fallarnos. No hace falta verle físicamente para creer en Él. La misión que Jesús nos encomienda es ser «apóstoles», es decir, sentirnos «enviados» a proclamar que «hemos visto al Señor». Si es verdad que lo hemos visto con los ojos de la fe, si nos hemos encontrado con El, entonces se notará en nuestra vida y seremos testigos de Jesús vivo y resucitado. Que en este tiempo pascual nos dirijamos a Jesucristo glorificado y le pidamos que aumente nuestra fe, que intentemos ilustrar y formar nuestra fe para responder a los interrogantes de nuestro tiempo. Que seamos capaces de decir con Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».

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