21 junio 2015

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La tempestad calmada

En el evangelio de hoy nos encontramos a Jesús humanamente cansado después de una jornada intensa anunciando entre la gente el mensaje de su Reino, de frente está el Lago y la barca, sube con sus discípulos y les pide: «ir a la otra orilla»… es todo un simbolismo. En el mundo judío, pasar a la otra orilla hace referencia al paso del mar Rojo y la travesía del desierto. Aquellos «pasos», a pesar de los peligros, la incertidumbre, el riesgo, la sed y el hambre… que supusieron, les llevaron a la tierra prometida. Jesús con sus apóstoles están en el mar de Galilea y la otra orilla era tierra de gentiles. Es una invitación a la universalidad del mensaje, más allá del ámbito Judío. Los judíos se oponen a la apertura, son conservadores, quieren conservar lo suyo, donde se encuentran bien, seguros, instalados. La primera tormenta que se desató en el seno de la primera comunidad cristiana, que nos narra el Nuevo Testamento, fue precisamente por el intento de apertura a los paganos.

«Pasar a la otra orilla» no es el único simbolismo, los exégetas ven en la tempestad un recuerdo o referencia a Jonás. Jonás estaba huyendo de Dios, de Yhwh, porque en su interior escuchó su voz que le proponía ir a Nínive, una tierra desconocida y hostil, a predicar la conversión, a anunciar a un Dios misericordioso y acogedor. En su huida, también él se echó a dormir cuando empezó la tormenta, y también fue increpado por el capitán del barco por estar durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo. Al revés de Jonás, El Señor no huye de nada , por eso puede calmar la tempestad. Queda un tercer simbolismo: «el mar» ¿Qué es el mar en la Biblia? El mar es símbolo del caos, el desorden, los peligros, la amenaza de la vida, es un lugar incierto, de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios. Por lo tanto al profundizar en este episodio de la tempestad calmada nos encontramos con la enseñanza de que el mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer a un pueblo elegido. Jesús manifiesta su poder sobre la tempestad como símbolo del desorden, de la falta de vida. Hoy vemos que tiene una actualidad asombrosa esta situación porque en nuestro mundo la barquilla de Pedro, es decir la Iglesia esta zarandeada, acosada, muchas veces y nos da la impresión de que Jesús, como en este evangelio, no hace nada, está dormido pero no es así: en el texto nos sorprende la tranquilidad de Jesús en medio de la tormenta. Mientras todos estaban muertos de miedo, él dormía tranquilamente… La apertura al mensaje universal de Jesús, a la persona de Jesús, a seguirle, pasa por permanecer en relación con El y confiar. Permanecer en relación con Jesús, mirarle, y confiar. Precisamente a sus discípulos y a nosotros El Señor nos echa en cara la falta de confianza en Él. El miedo y la pregunta final de los apóstoles, deja bien claro que no habían entendido quién era Jesús. «¿Quién es este?» Quién es Jesús, pregunta que hay en nuestros corazones, y que sólo puede ser respondida desde la relación con Él y con los que como él viven para hacer la voluntad del Padre. Sólo estando cerca de él podemos encontrar en esa respuesta la certeza que nuestra vida anda buscando, la libertad que nuestra mente anhela, la armonía interior y la paz que nuestro ser está llamado a vivir. La barca de Pedro no se hundirá jamás. Jesús nos invita a buscar y pasar a otra orilla, la orilla del Padre de todos, del Amor sin límites. El verdadero mensaje de Jesús es que debemos confiar siempre, aunque nos parezca que Dios se ha ausentado y no se preocupa de nosotros.


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