22 enero 2017

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«VENID Y SEGUIDME, Y OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES»

Estamos en el tercer domingo del Tiempo ordinario y a lo largo de este año vamos a ir leyendo el Evangelio de Mateo. Con el texto de este domingo comenzamos a recorrer la vida pública de Jesús. El Evangelio de hoy es como una gran presentación, un gran programa, de lo que va a ser la misión de Jesús.

Jesucristo comienza su misión en Galilea, no en la región de los judíos, sino en la Galilea de los gentiles. Está claro, desde el principio, que Jesucristo ha venido para todos los pueblos, no sólo para el pueblo judío, que se siente propietario exclusivo de Dios.

El programa de la misión de Jesús, que nos presenta Mateo, es el siguiente: Convertíos, Está cerca el reino de Dios, Seguidme. «Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y las dolencias del pueblo».

Jesucristo comienza su misión pidiendo la conversión. Convertirse es cambiar de modo de pensar y de manera de comportarse para que nuestros pensamientos y nuestras obras se parezcan cada vez más a las de Jesucristo.

La conversión debe ser profunda y la conversión es para toda la vida. Jesús comienza su misión diciendo que está cerca el reino de Dios, que consiste en un mundo mejor que tenemos que construir los cristianos desde los valores del Evangelio, Reino que ya ha llegado a nosotros en la persona de Jesucristo, Reino que llegará a su plenitud en el cielo. El Reino de Dios es el Reino de la Justicia, de la Paz, de la Vida, del Amor...

Jesucristo comienza su misión invitando a seguirle. Desde el principio se muestra necesitado de la colaboración de cada uno de nosotros para llevar adelante su misión.

Jesucristo comienza su misión «curando las enfermedades y las dolencias del pueblo». Su predicación siempre iba acompañada de obras que expresaban su solidaridad con las personas, su misericordia y su liberación.

Que el Señor, por lo menos en este domingo, nos encuentre con un corazón dispuesto a una renovación personal y comunitaria. Que el Señor, en este Día del Señor, encuentre en nuestros labios un «sí» como respuesta a todo aquello que nos pide como muestra de nuestra fidelidad y de nuestra fe. ¿Hemos escuchado nuestro nombre?


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