24 abril 2016. 5 de Pascua

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TODO LO HAGO NUEVO

Los seres humanos, por estructura, somos conservadores. Nos resulta difícil habituarnos a la novedad. Lo desconocido nos llena de temores. El terreno batido nos infunde confianza, seguridad. Y, así, nada nos es tan reconfortante como la famosa frase: “siempre se ha hecho así”. No, no amamos el riesgo, y la aventura, en el fondo de nuestro corazón, nos asusta, nos desestabiliza: solamente los más valientes – hay quien piensa, que son, en cambio, los más inconscientes – de entre nosotros se atreven a dar el “salto al vacío”.

Ah, pero ese es el mundo de los hombres, el mundo de aquí abajo. El mundo de Dios funciona de otra manera, absolutamente diversa. A Dios le apasiona la novedad, toda su acción es una apuesta por la novedad, Él es el siempre nuevo. Y a veces hasta parece que se divierte en desconcertarnos, en romper nuestros esquemas sabidos y resabidos, en diseñar ante nosotros caminos impensados.

Estaba claro a los ojos de todos: el Maestro de Nazareth estaba muerto y bien muerto; su acción y su palabra habían de perderse en las brumas del tiempo como se habían perdido la acción y las palabras de tantos otros soñadores utópicos antes que Él. Una tumba definitivamente sellada era el monumento levantado a su memoria, frágil y efímero recuerdo de una esperanza frustrada: “nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel”, dicen los discípulos de Emaús. Y todo se acabó.

Pero Dios no había puesto el punto final. Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, y en su nombre fue anunciada la salvación a todas las gentes, incluso a los que no lo esperaban, a los que nunca lo habían esperado o a los que ya habían dejado de esperarlo, a los judíos y a los gentiles. Y la glorificación del Señor Crucificado y Resucitado se convierte en la clave de comprensión de toda la historia. El criterio de renovación, la gran novedad de Dios.

Resucitando a Jesús, Dios estaba iniciando una nueva creación, poniendo los fundamentos de una nueva Jerusalén, estableciendo la ciudad nueva en la que fijar su definitiva morada con los hombres. La Resurrección de Jesús es la palabra nueva de Dios, que transforma todo nuestro mundo y nos induce a mirar a nuestro alrededor con ojos nuevos, a reconocer y confesar la infinita novedad del Reino de Dios ya presente en medio de nosotros.

En la Resurrección de Jesús Dios nos dice: “todo lo hago nuevo”.


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