24 de mayo 2015. Pentecostés

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PENTECOSTÉS

A los 50 días de la Pascua, el pueblo de Israel celebraba la fiesta de las siete semanas (Ex 34,22), que en sus orígenes tenía carácter agrícola. Se trataba de la festividad de la recolección, día de regocijo y de acción de gracias (Ex 23,16), en que se ofrecían las primicias de lo producido por la tierra. Más tarde, esta celebración se convertiría en recuerdo y conmemoración de la Alianza del Sinaí, realizada unos cincuenta días después de la salida de Egipto, en la que se recordaba la entrega de las Tablas de la Ley por parte de Dios a Moisés. Los cristianos celebramos en Pentecostés la venida del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia. Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad.

Hace apenas diez días celebramos con la Ascensión del Señor la promesa de que Él no nos dejaría huérfanos que se iba al Padre pero vendría el Espíritu Santo que estará siempre con nosotros hasta el fin de los tiempos (Jn 14,16). Jesús ya había anunciado en su última cena en la víspera de su Pasión que no nos dejaría solos y que el Padre enviaría el Espíritu Santo, entre los diferentes nombres con que se describe su presencia está el de «Paráclito», Defensor. A pesar de la importancia que tiene la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y de ser el primer don hecho a los creyentes, algunas veces lo tenemos bastante olvidado. Este Don nos es dado desde el Bautismo, nos fortaleció en la Confirmación y nos es dado para nuestra misión para el anuncio del Amor de Dios en este mundo. Tenemos necesidad del Espíritu para poder renovarnos y proseguir la misión comenzada por Jesús. En la narración de lo acontecido vemos una serie de signos que significan la presencia de lo divino: el viento que irrumpe en la casa, de igual manera las lenguas de fuego es el amor y los dones con que cada uno es llenado. Los entienden en todas las lenguas porque la Iglesia es católica, es decir, universal y no tiene una lengua, todas las lenguas son dignas para proclamar el Evangelio y el mensaje está para todos los hombres hablen la lengua que hablen. Con la venida del Espíritu comienza el tiempo de la Iglesia, a todos los hombres es anunciada La Buena Notica del Evangelio con el perdón de los pecados y cada uno de nosotros recibe la misión de Jesucristo.

Es importante caer en cuenta que el día de Pentecostés, la Virgen María presidía unida y rezando con los Apóstoles aquella Iglesia naciente. María imploró para todos nosotros esa multiplicidad de dones. Ella es la Madre que estuvo desde el comienzo de la Iglesia animando y alentando y lo sigue haciendo hoy para todos los que la imploramos. Que Ella interceda ante el Señor para que derrame una nueva primavera de Pentecostés sobre su Iglesia.


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