25 de octubre 2015

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SAN ANTONIO MARÍA CLARET

«Alma grande, nacida como para ensamblar contrastes; pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo; pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante; de apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra; fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien sabe el freno de la austeridad y de la penitencia; siempre en la presencia de Dios aun en medio de su prodigiosa actividad exterior; calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y entre tantas maravillas, como suave luz que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios». [Pío XII, 7 de mayo de 1950, en la Canonización de San Antonio Mª Claret]

La Iglesia celebra en octubre su mes misionero por excelencia, intensificando su oración por la evangelización de los pueblos. Además hoy, en nuestra Misión Española los Misioneros Claretianos celebramos la fiesta de San Antonio María Claret, misionero y padre de misioneros, cuya fiesta propiamente es el 24 de octubre. Estamos, por lo tanto, invitados a orar especialmente por toda la misión de la Iglesia, recordando a los de lejos y renovando nuestro propio compromiso de seguir cada día a Jesús.

Siempre han suscitado admiración los misioneros y misioneras. Los medios de comunicación nos los muestran como son: pioneros y modelos de solidaridad. También ha despertado esa admiración el hecho de que los misioneros estén trabajando entre los más empobrecidos del mundo, donde las expectativas de vida son de las más bajas, donde abunda el hambre, donde la marginación y la explotación son una ofensa a la dignidad de esas personas; sin olvidar que muchos misioneros y misioneras ponen en peligro su vida por defender los derechos de los más pobres.

Sin embargo, muchas veces en esta admiración por los misioneros se ha dejado a un lado lo que constituye la clave de sus vidas: ¿Quién es y dónde está su fuerza? Muchos, quizás, no hayan sabido explicarse del todo sobre las razones o motivos que tienen los misioneros y misioneras para esa ejemplar solidaridad y entrega a los demás.

Pidamos al Señor que llame a jóvenes de nuestras parroquias que quieran ser misioneros y misioneras y tengan la valentía de seguir las huellas de aquellos que están entregando sus vidas, o los mejores años de su existencia, en esta tarea tan maravillosa de solidaridad y anuncio de la Buena Nueva.

Ante nuestros ojos, brilla hoy con especial luz el testimonio de San Antonio María Claret, que supo hacer suyo el modo de vida de Jesús. A esto nos invita con su palabra y su ejemplo, en este octubre misionero: a ser generosos con Dios, abriéndole de par en par nuestro corazón y a ser generosos con nuestros hermanos de cerca y de lejos, viviendo con alegría el Evangelio y difundiendo el amor de Dios.


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