26 de junio 2016

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EL SEGUIMIENTO

Con este último domingo de junio hemos llegado al final de este curso. Es buen momento para agradecerles a todos su participación en nuestra Misión, de manera especial a las personas que con su ayuda desinteresada hacen que todo pueda seguir funcionando. Nos veremos si Dios quiere en septiembre para seguir trabajando y caminando juntos.

Hoy el evangelio nos habla de ese Camino y de ese seguimiento al Señor. San Lucas con este capítulo 9 introduce la subida de Jesús hacia Jerusalén, justo el lugar en donde iba a morir y él lo sabía. Jesús va desde Galilea hacia Jerusalén y en ese caminar aparece la enemistad y el odio entre samaritanos y judíos: originariamente, de tipo racial; después, además, de tipo político y religioso. El camino habitual de Galilea a Jerusalén pasa por Samaría: Jesús, dirigiendo al grupo galileo de discípulos, irá por él. Pero no es esto lo que molesta a los samaritanos, sino la finalidad del viaje: el ir al templo de Jerusalén lo interpretan como una infravaloración de Garizín. A la propuesta de los discípulos, Jesús reacciona regañándolos: el discípulo no puede moverse por sentimientos de venganza, desquite o intransigencia. Es una crítica de Jesús a las posiciones maximalistas. En este camino se pondrá de manifiesto la creciente desavenencia entre Jesús y los líderes judíos, la no aceptación de su Mesianismo... y además la preparación que Jesús hace a sus discípulos para su partida. Jesús les dice que permanezcan fieles a pesar del rechazo del mundo. El Señor lamenta la situación pero responde siempre con el perdón, lo vemos de manifiesto ante los Samaritanos que no le reciben, la diferente reacción de los discípulos y el Señor es abismal. En este camino nos vamos a encontrar con aquellos que pretenden el seguimiento del Señor. La enseñanza es clara, ha de ser radical y total, quizás esto nos cuesta pero no se puede poner una vela al diablo y a Dios a la vez. Es claro que estamos con él o contra él. Aquí no se trata de dejar de cumplir deberes elementales como enterrar a un muerto o despedirnos de la gente, se trata de que el que pone su mano en el arado, no puede mirar hacia atrás como dirá el mismo Señor en otra ocasión. Jesús, que está yendo hacia Jerusalén (sinónimo de la cruz) no ofrece un camino fácil en su seguimiento porque tampoco era fácil el de Él. En estos versículos, él clarifica la naturaleza radical de su llamada. Quienes quieren seguirlo tienen que considerar primero el costo, porque compartirán el sufrimiento de Cristo. No deben darle prioridad a ninguna otra cosa sobre Cristo. En este seguimiento al que se nos invita a todos El Señor a través de su Espíritu nos da la gracia para encaminarnos al Padre.


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