26 de octubre 2014

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SAN ANTONIO MARIA CLARET

El pasado viernes, 24 de Octubre, la iglesia celebraba la Memoria de San Antonio María Claret. Muchos conocéis ya la vida del fundador de la Misioneros Claretianos. Aquí, en la Misión Española queremos invitarte a celebrarlo con nosotros en este domingo 30º del tiempo ordinario.

En este año centenario para nuestra Misión, te seguimos invitando a la acción de gracias porque gracias al carisma claretiano han podido hacerse realidad estos cien años de acompañamiento y servicio a los emigrantes hispanohablantes en Paris. Celebrar hoy con todos vosotros a San Antonio María Claret, es participar del espíritu misionero que encendió su corazón y que le llevó, al estilo de los apóstoles, a “encender a todo el mundo en el fuego del divino amor”.

Es lo que Jesús viene a responder a los fariseos en el evangelio de este domingo cuando le hacen una pregunta maliciosa. Sabiendo que la Ley contenía alrededor de 613 mandamientos, los fariseos le preguntan a Jesús: ¿cuál es el principal mandamiento? El primer mandamiento es: “El Señor Dios nuestro es el único Señor; por lo mismo, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”.

Hasta aquí, los enemigos podían estar acordes con Jesús. Pero Jesús sigue, sin interrupción, con una segunda parte inesperada: “Y el segundo es semejante a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús da un paso más, y cierra para siempre la cuestión tan debatida en las escuelas de los rabinos.

Para Jesús lo importante es amar, y hay que hacerlo en sus dimensiones: vertical y horizontal. Se trata de amar, no como yo me amo, sino a la medida del amor con que Jesús nos amó. Jesús asoció el mandamiento del amor a Dios con el mandamiento del amor al prójimo, y los presentó como inseparables: fidelidad a Dios y cuidado de los pobres y los forasteros.

San Antonio María Claret, quiso que sus misioneros fuéramos por todo el mundo difundiendo la alegría del evangelio, la buena noticia del amor de Dios. Esto no le resultó siempre fácil y supo de penas, sufrimientos y persecuciones. Su devoción profunda a la Eucaristía hasta recibir la gracia de hacerse “sagrario viviente”, y el amor exquisito al Inmaculado Corazón de María, le dieron la fuerza y confianza misionera para realizar una tarea aún nos sigue asombrando.

Te ofrecemos aquí la definición de “misionero” que nos dejó en herencia a sus hijos:

“Yo me digo a mí mismo: Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura por todos los medios posibles encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas”.


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