27 diciembre 2015

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LA SAGRADA FAMILIA

Esta fiesta que se encuadra dentro de la Navidad y nos da pie para reflexionar sobre la Familia contiene en el evangelio una historia única dentro de la niñez-pubertad de Jesús. Para que podamos entender toda la profundidad que nos quiere narrar san Lucas hemos de recordar la historia de Samuel a la que hace referencia además la primera lectura.

Samuel es el gran regalo que Dios hace a sus padres, sobre todo a su madre Ana quien lo ofrece a Dios en el templo en dónde se ocupará de él el profeta Eli; Ana y su marido iban cada año al templo para cumplir el sacrificio, en el templo creció Samuel y fue allí donde entendió su vocación.

En la narración de Lucas vemos como los padres de Jesús hicieron lo mismo. Todos los judíos debían acudir en las tres fiestas: Pascua; Pentecostés y Tabernáculos. La narración nos enseña que Jesús, Dios hecho hombre, se educa y aprende en una familia. Es la Sagrada Familia por antonomasia pero nosotros deberíamos considerar a toda familia sagrada, porque en ella nacemos, en ella nos educamos, en ella aprendemos. Es en nuestra familia donde recibimos la afectividad que nos configura, la transmisión de unos valores, la transmisión de la fe y, como nos recordaba San Juan Pablo II, la catequesis que nos dan nuestros padres, precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis...

Es la familia la que nos debe enseñar a orar y celebrar, como dice Gerardo Pastor, catedrático de sociología en la Universidad Pontifica de Salamanca: «Es la institución familiar la que mayor influjo ejerce sobre el desarrollo psicosocial del ser humano, pues precisamente dentro de este ámbito interactivo íntimo, es donde ocurren las más tempranas e intensas experiencias de cognición y significado, de deseos y frustraciones, de emociones como miedo, amor, placer, seguridad y afecto, experiencias que configurarán para toda la vida la urdimbre básica de una personalidad infantil ahora en ciernes. Ni las guarderías o escuelas ni los grupos de coetáneos, ni las parroquias, ni los medios de comunicación social (prensa, radio y tele) logran penetrar tan a fondo en la intimidad infantil como los parientes primarios, esos seres de quienes se depende absolutamente durante los seis o nueve primeros años de la vida (padres, hermanos y tutores)».

Es en la familia donde se transmiten los valores. Hoy es una buena ocasión para agradecer al Señor el hogar de donde procedemos y para pedir que los nuestros sean un reflejo de aquella Sagrada Familia de Nazaret.


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