28 mayo 2017

Enregistrer au format PDF |

 

«Padre, te ruego por ellos»

 

 

 

Entre la Ascensión y Pentecostés, este domingo parece pasar un tanto inadvertido y, sin embargo, tiene una gran noticia que transmitirnos. Las lecturas de este VII Domingo de Pascua nos presentan el nacimiento de la Iglesia. Es una Iglesia en oración. Puesto que a aquellos primeros apóstoles les esperaba una gran misión, no es nada banal que estos comienzos tan importantes los vivieran en clima de oración. En esta Iglesia naciente, el Evangelio subraya la presencia de María, la Madre de Jesús. Así como ella estuvo presente entre aquellos discípulos, está también hoy en la Iglesia. Con su vida, su vocación y sus actitudes, ella nos remite continuamente a Cristo y a su Evangelio: «Haced lo que Él os diga». Y a lo que Jesús nos llama es a ahondar en la vida que viene de Dios.

En el Evangelio de hoy, vemos a Jesús en oración: «Padre, glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti». A diferencia de nuestro modo habitual de pensar, la gloria a la que Jesús se refiere no equivale a la fama, al honor, a la notoriedad… Para la Biblia, la gloria es, más bien, el valor auténtico de la persona, su peso. En ese sentido, san Pablo, llegará a decir: «Si no tengo amor, nada soy».

La oración de Jesús nos permite entrever su comunión total con el Padre. Y lo sorprendente es que quiere asociarnos a nosotros en este movimiento de amor y de comunión, en la hora crucial de «pasar de este mundo al Padre». Por eso, no comprende la cruz como un fracaso, sino como una «elevación»: como la gran victoria del amor sobre el pecado y la muerte. Jesús agradece la confianza que los discípulos han depositado en él, pero intercede por ellos, para que esa fe no desfallezca a la hora de llevar a cabo su misión en el mundo.

Como nos recuerda la segunda lectura, esta Iglesia naciente es una Iglesia que sufre. Desde los comienzos, no han faltado dificultades y persecuciones. Pero, precisamente en medio de todo ello, aparece la verdadera gloria de Dios: el amor que es capaz de atravesar el sufrimiento para redimir el pecado y el mal de este mundo.

En esta semana previa a la solemnidad de Pentecostés, la Iglesia intensifica su oración para que el Espíritu Santo, vínculo de amor entre el Padre y el Hijo, venga a los corazones de sus fieles y los llene de la vida que hay en Dios. Dispongámonos también nosotros a acoger el don del Espíritu, el don de la unidad e irradiemos en nuestro mundo la gloria de Dios, la gloria del amor misericordioso.

Documentos adjuntos

Agenda
« julio de 2018 »
L M M J V S D
25 26 27 28 29 30 1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31 1 2 3 4 5

Próximamente...