28 enero 2018

Enregistrer au format PDF |

 

UN DÍA EN LA VIDA DE JESÚS

 

 

 

Al leer el evangelio de san Marcos vemos que los dos fragmentos que la Iglesia nos ofrece en este domingo y en el próximo forman una unidad que podíamos titular: «un día en la vida de Jesús». La primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaún. Una escena sobrecogedora. Es sábado, el día más importante de la semana nos ofrece en este domingo y en el próximo forman una unidad que podíamos titular: «un día en la vida de Jesús». La primera actuación pública de Jesús fue la curación para los judíos, y la actividad de ese día comienza en la Sinagoga, orando, escuchando la Palabra de Dios, dando gracias… Allí estaba Jesús con sus discípulos.

 

Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseña oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel. La gente queda sorprendida al escucharle. Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos a un Dios Bueno. Está lleno del Espíritu vivificador de Dios.

 

De pronto un hombre «se pone a gritar: “¿Has venido a destruirnos?”». Al escuchar el mensaje de Jesús, se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un «espíritu inmundo», hostil a Dios. Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal, y grita: «¡Cállate y sal de este hombre!». Jesús no viene a destruir a nadie. Precisamente su «autoridad» está en dar vida a las personas. Su enseñanza humaniza y libera de esclavitudes. Sus palabras invitan a confiar en Dios. Su mensaje es la mejor noticia que puede escuchar aquel hombre atormentado interiormente. Cuando Jesús lo cura, la gente exclama: «este enseñar con autoridad es nuevo».

 

No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten, no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curar liberando de un Dios opresor. Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor a Dios, no hacia el sometimiento ciego a la ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento. Buena tarea nos ha dejado Jesús a la iglesia. «Hospital de campaña» lo llama el papa Francisco. Recuperemos nuestra misión eclesial de sanación para mostrar el camino de la salvación.

Documentos adjuntos

Agenda
« febrero de 2018 »
L M M J V S D
29 30 31 1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 1 2 3 4

Próximamente...