5 de junio 2016

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EL DIOS DE LA VIDA VISITA A SU PUEBLO

Dios, que es compasivo y misericordioso, visita a su pueblo y lo libera del pecado y del sufrimiento. Así nos lo muestran las lecturas de este domingo. Vemos cómo dos viudas, que han perdido a sus hijos, han sido consoladas por Dios, a través de la obra salvadora de sus enviados.

En la primera lectura, la viuda de Sarepta: el profeta Elías cree en el Dios de la vida, que no abandona al hombre al poder de la muerte. Y, en el Evangelio, tenemos a la Viuda de Naín.

San Lucas describe un gran acontecimiento humano: dos cortejos se aproximan por los caminos de Naín.

Uno está formado por Jesús y sus discípulos. El otro formado por una madre viuda y sus amigos, que llevan un féretro. Uno es precedido por Jesús, el vencedor de la muerte. El otro, por un cadáver.

Uno representa a la comunidad cristiana radiante de alegría junto a su «Señor», que la conduce a la vida. El otro es símbolo de la humanidad que aún no ha encontrado a Cristo: está en el camino del camposanto y ve la muerte como una derrota irreversible. Los dos cortejos se encuentran: El «Señor» se compadece del dolor y de las lágrimas de la madre viuda (que representa a toda la humanidad abatida y desesperada), interrumpe el camino hacia la muerte y dice a la Madre: «No llores más», y al hijo: «Levántate». El llanto se convierte en un canto de alegría, los dos grupos se unen en un único clamor de entusiasmo, todos glorifican al Señor: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo». El hecho encierra una gran novedad: la muerte es vencida... Jesús es Señor de la Vida.

Escenas de dolor tenemos todos los días, y en abundancia, en los medios de comunicación. Hay grandes cortejos llenos de muertos; también de muertos que andan y se mueven, a quienes les falta la alegría de la vida: es el gran cortejo de los refugiados, los sin techo, de los que no tienen empleo, de los enfermos... A su encuentro puede y debe ir otro cortejo, formado por personas llenas de vida que acompañan a Cristo... comprometidas en responder a la muerte con la vida.

En la Iglesia hemos de recuperar cuanto antes la misericordia y la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La misericordia y la compasión, que exigen justicia, son el gran mandato de Jesús: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

En el año jubilar de la misericordia necesitamos que nunca de esta compasión. Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores. Desde las comunidades de Jesús tenemos que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio. Será la mejor prueba de que «Dios ha visitado a su pueblo».


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