7 mayo 2017

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EL BUEN PASTOR

 

 

 

El cuarto domingo de Pascua tenemos ocasión de meditar una de las imágenes más bellas que nos dejó Jesús de sí mismo; impresionó tanto a los que le escucharon que el icono de un joven imberbe portando sobre sus hombros un corderito que nos representan es la primera imagen que hacen los cristianos de su Dios y hombre verdadero, para siempre Buen Pastor.

Jesús utilizaba imágenes que conocía la gente a diario y el veía que en su sociedad agrícola-ganadera cabras y ovejas eran guiadas por su pastor y que luego había una puerta para entrar o salir en donde quedaban protegidas de los animales o salteadores. Al Señor le gusta la imagen y en el Evangelio según san Juan, en el capítulo décimo, nos describe los rasgos peculiares de la relación entre Cristo Pastor y su rebaño, una relación tan estrecha que nadie podrá jamás apartar a las ovejas de su mano. Estas, de hecho, están unidas a Él por un vínculo de amor y de conocimiento recíproco, que les garantiza el don inconmensurable de la vida eterna.

Al mismo tiempo, la actitud del rebaño hacia el Buen Pastor, Cristo, es presentada por el Evangelista con dos verbos específicos: escuchar y seguir. El papa emérito Benedicto XVI nos recuerda que estos términos designan las características fundamentales de aquellos que viven el seguimiento del Señor. Ante todo la escucha de su Palabra, de la que nace y se alimenta la fe. Sólo el que está atento a la voz del Señor es capaz de valorar en su propia conciencia las decisiones justas para actuar según Dios. De la escucha deriva, por tanto, el seguir a Jesús: se actúa como discípulo después de haber escuchado y acogido interiormente las enseñanzas del Maestro, para vivirlas cotidianamente. Jesús es a la vez el pastor que nos conduce y la puerta, por donde debemos entrar para ir al Cielo. Sólo Él, recordémoslo una vez más, es: Camino, Verdad y Vida.

En este domingo os invito a un recuerdo especial en la oración por nuestros pastores de la Iglesia, empezando por el querido papa Francisco, los obispos y todos los sacerdotes que tienen una especial misión de «pastoreo», que sepamos ser fieles en la transmisión de la Buena Noticia del Evangelio. Si cabe pedimos de manera especial por aquellos que se preparan al sacerdocio. La escasez de vocaciones comienza a ser alarmante. No es el Señor quien deja de llamar porque nos recuerda en el Evangelio que pidamos al dueño de la Mies que envíe obreros a su mies. Todos podemos orar pidiendo por las vocaciones. El Papa nos recuerda que las vocaciones crecen y maduran en las Iglesias particulares, facilitadas por contextos familiares sanos y robustecidos por el espíritu de fe, de caridad y de piedad.

También en este tiempo, en el que la voz del Señor corre el riesgo de ser ahogada en medio de tantas voces, cada comunidad eclesial está llamada a promover y cuidar las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Los hombres, de hecho, siempre tienen necesidad de Dios, también en nuestro mundo tecnológico, y siempre habrá necesidad de Pastores que anuncien su palabra y que hagan encontrar al Señor en los Sacramentos. Dejémonos conducir todos por este Pastor que con su sangre nos redimió…

«En la vida y en la muere somos del Señor». •

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