Domingo 28 de septiembre

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"Os precederán

Al escuchar el Evangelio de hoy, alguien podrá preguntarse «¿Para qué esforzarme por vivir según los mandamientos de Dios, si el mismo Jesús dice que los pecadores públicos y las prostitutas entrarán antes en el Reino de Dios?» Sin embargo, si profundizamos un poco lo que dice Jesús, Él nos habla no simplemente de malos y buenos, sino de dos actitudes diferentes ante la invitación de Dios Padre a trabajar en su viña. La viña es el Reino de Dios. Unos —los pecadores— no aceptan la invitación al principio, pero después se arrepienten y cumplen. Los otros dicen en seguida que sí, pero después no hacen nada.

En esta parábola de los hijos: uno aparentemente desobediente y el otro obediente, acaban haciendo ambos lo contrario de lo que habían dicho. Sin embargo quien quiere verdaderamente al Padre, es el hijo que hace lo que el Padre le pide. El hijo que verdaderamente contrarió a su Padre no fue el que le ofendió primero diciendo que no iba a ir a la viña y después fue, sino el que le dijo que sí y después faltó a su compromiso. La parábola nos enseña que los que piensan ser buenos, no tienen comprado ya el cielo, y los que obran mal no están ya encerrados en el infierno. Mientras estamos aquí en la tierra, ¡podemos cambiar! ¡Ojalá cambiemos para mejor! Ojalá nuestro cambio sea para hacer la voluntad del Padre.

En estos dos hijos, Jesús representa, por un lado, a los pecadores: los publicanos y las prostitutas; por otro, a los muy cercanos a Dios sacerdotes y ancianos del pueblo de Israel.

Muchos pecadores escucharon a Juan el Bautista y se convirtieron. El Evangelio cuenta varios relatos de gente muy pecadora que al encontrarse con Jesús abandonó su mala vida. El Señor se refiere precisamente a ésta gente cuando dice que los publicanos y las prostitutas entrarán antes en el Reino de los Cielos. Todos ellos entran al Reino ¡no por ser pecadores!, sino porque se han convertido a Dios.

En el otro grupo, están los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo de Israel, que decían cumplir y querían cumplir la voluntad de Dios, pero no escucharon a Juan el Bautista, ni tampoco escucharon a Jesús. Y no sólo no lo siguieron... sino que lo crucificaron. Jesús les dice en esta parábola, que ellos que se creían los hijos muy piadosos, son en realidad los desobedientes. Y para mayor vergüenza todavía, los compara con la gente tenida por ellos como de muy bajo nivel.

Es bien curioso que Jesús pida hoy en el Evangelio, conversión a los que nos creemos ya buenos, y elogie a cuantos todos estimaríamos peores. En verdad, sólo cuando sabemos que somos indignos de Dios, podemos iniciar el camino de vuelta hacia Él. En cambio, cuando nos ilusionamos pensando que ya merecemos a Dios, no hacemos ningún esfuerzo para buscarlo. Dios exige conversión de todos sus hijos, malos y buenos; y sólo le satisface aquel que hace lo que Dios quiere.

Que el Corazón Inmaculado de María, modelo de obediencia a la voluntad de Dios, nos ayude a vivir siempre acordes a esta misma voluntad del Padre. 


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